Cronoterapia para tratar la diabetes y la obesidad

Los recientemente nominados Premio Nobel de Medicina, Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young consiguieron el prestifgioso premio en reconocimiento a sus investigaciones para desentrañar los mecanismos moleculares que regulan los ritmos circadianos, o lo que es lo mismo: nuestro reloj interno.

La cronobiología es la ciencia que analiza la relación entre el funcionamiento de nuestra fisiología en relación a la hora del día, y de su correcta aplicación médica se ocupa la cronoterapia, cuyo objetivo es sincronizar los ritmos naturales del organismo con la administración de los medicamentos para que sus efectos coincidan con el periodo crítico de la aparición de los síntomas; o lo que es lo mismo, que la máxima eficacia del fármaco se de en el momento que sea más necesario.

A día de hoy, el uso de la cronoterapia en la práctica clínica actual es minoritaria, aunque sus áreas de aplicación son amplias y variadas, tales como la diabetes, la hipertensión arterial (HTA), el asma o incluso el cáncer, odas ellas enfermedades cuyo tratamiento podría verse beneficiado por su aplicación.

Según explica al diario La Razón Antoni Díez Noguera, catedrático de Fisiología de la Universidad de Barcelona y ex secretario de la Sociedad Europea de Cronobiología, esta disciplina es muy útil si no para el tratamiento, «al menos para su diagnóstico ya se tiene en cuenta que la presión arterial manifiesta cambios a los largo del día a la hora de evaluar a un paciente».

Como ejemplo pone el Hospital de Bellvitge de Barcelona, en el que se utilizan criterios cronobiológicos a la hora de prescribir la medicación, ya que aunque lo normal es que la tensión baje por la noche, mientras dormimos, y que suba por la mañana, cada persona tiene sus propios ciclos.

Con el objetivo de estudiar los distintos perfiles circadianos de cada paciente la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha Contra la Hipertensión Arterial (SEH-Lelha), puso en marcha en el año 2004 un proyecto –inicialmente llamado Cronopres y posteriormente rebautizado como Cardiorisc– que consistía en la monitorización de la presión arterial durante las 24 horas del día a fin de estudiar las variaciones de ésta a lo largo del día en cada paciente.

Algunos estudios como el llevado a cabo por Paola Helena Ponte Márquez, del Servicio de Medicina Interna del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, y publicado en la revista Medicina Clínica, concluyen que «la administración de parte de la medicación antihipertensiva por la noche podría contribuir a unas menores cifras de presión arterial, lo que plantea la conveniencia de considerar esta estrategia en pacientes con HTA no controlada».

El principal problema es que, para determinar la hora óptima a la que se debe administrar un medicamento hay que tener conocimientos de farmacología y de cronobiología, ya que hay que considerar tanto el metabolismo del fármaco como los ciclos circadianos del individuo, lo cual es complicado y requiere de mucho tiempo.

La diabetes es una de las patologías susceptibles de beneficiarse de un abordaje cronoterápico. «Acabamos de demostrar que la sensibilidad a la insulina varía según la hora del día y la misma cantidad afecta de forma diferente dependiendo del momento en que se administre», ha explicado Marta Garaulet, doctora en Farmacia, nutricionista, catedrática de Fisiología en la Universidad de Murcia y una de las mayores expertas mundiales en cronobiología.

Garaulet acaba de presentar el libro «Los relojes de tu vida», que recoge los trabajos de su grupo de investigación realizados en cultivos de adipocitos de pacientes diabéticos, y que prueba por primera vez que «la sensibilidad de la insulina alcanza su máximo a mediodía (12:00 h) siendo ésta un 54% mayor que a media noche»... o lo que es lo mismo: la insulina a las 12:00 de la noche tiene un efecto sobre la bajada de azúcar en sangre mucho menor que si se pincha la misma dosis por la mañana. Esto es así porque a mediodía es cuando nuestro tejido adiposo presenta una mayor sensibilidad a la acción de la insulina. 

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