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Denuncia que no le permiten el acceso a una plaza de oficial por ser diabético, una enfermedad que en 2018 dejó de ser causa de exclusión

Álvaro González ha denunciado que le han cerrado el acceso a una plaza de oficial por ser diabético, una enfermedad que en 2018 dejó de ser causa de exclusión. Este ingeniero químico aspirante a oficial de la Armada, ha denunciado públicamente un supuesto trato discriminatorio que ha sufrido al ser declarado 'no apto' en las pruebas de acceso al Ejército.

 

Su nota le permitía ocupar una de las plazas ofertadas en la última convocatoria pero en el examen médico determinaron que no podía acceder a ese puesto porque padece una enfermedad «endocrino-metabólica».

Según publica el diario Hoy de Extremadura, su queja es compartida por varios jóvenes diabéticos que, como él, han intentado enrolarse en el ejército español desde que desapareció esta enfermedad como causa de exclusión.

Álvaro González Cortés vive en Badajoz desde niño y aunque se ha titulado como ingeniero en Química Industrial siempre sintió una cierta predilección por las Fuerzas Armadas. De hecho, su hermano fue un tiempo sargento 1º en la Base General Menacho.

Durante años borró de su mente la carrera militar, pero en 2018 cambió la norma de acceso y dejaron de ser motivo de exclusión la diabetes, la celiaquía y el VIH. La modificación fue muy comentada en los ámbitos militares y Álvaro pensó que sus estudios universitarios le abrirían la puerta a un campo profesional en el que podría sentirse a gusto.

A nivel físico, Álvaro se veía preparado y también contaba con el título universitario exigido, por lo que decidió centrar sus esfuerzos en el examen de inglés, en el que obtuvo una nota de 8,67. Fue la quinta mejor calificación entre todos los aspirantes y su nota media final una vez sumados los méritos fue de 14,702, por lo que ocupó la posición número 29, más que suficiente para acceder a una de las 38 plazas de oficial de carrera que salían a concurso.

Pero sus esperanzas se vieron frustradas cuando en el reconocimiento médico le cerraron la puerta.

Cuenta el joven que el problema surgió porque en uno de sus brazos lleva adosado un pequeño sensor del tamaño de una moneda de dos euros que le permite conocer en todo momento cuál es su nivel de glucosa. «Al revisarme el traumatólogo me preguntó por el dispositivo y el endocrino pidió un análisis». Eso hizo que su caso fuese derivado a la «tanda de incidencias», ha afirmado, lo que le obligó a volver al centro de reconocimientos un día distinto.

«Ese día me pusieron el código de 'no apto' por presentar una enfermedad endocrino-metabólica. Realmente no pone diabetes como tal, porque no se puede excluir por diabetes, pero a efectos prácticos es lo mismo».

Eso sucedió a comienzos de agosto y el golpe fue duro. Pero Álvaro no se desanimó y decidió presentarse también a las pruebas para formar parte de la tropa. «El oficial que me reconoció ese día sabía que la limitación de la diabetes se había quitado como causa de exclusión y me comentó que seguramente no tendría ningún problema, pero me mandó a un especialista que volvió a determinar que no era apto», lamenta Álvaro.

A estas alturas, este joven no termina de entender las razones que le han impedido enrolarse en las Fuerzas Armadas. «Ese sensor que yo llevó en el brazo lanza al móvil una alerta cuando el nivel de glucosa se sale de rango, eso me permite solucionarlo rápido porque siempre llevo insulina encima» ha afirmado, al tiempo que  explica que «tal vez si ingresara en la infantería el trabajo fuese muy físico y la diabetes pudiera afectar, pero como oficial de la Armada estaría en un puesto de mando que no conlleva un gran desgaste físico. No entiendo que si he pasado las pruebas físicas sin problemas no pueda entrar en la academia de oficiales».

Para Álvaro, lo sucedido es una tremenda injusticia, aunque confía en que el Ministerio de Defensa dé la razón a los aspirantes diabéticos y permita que ingresen. De momento, tras casi un año de preparación en una academia de inglés, ha tenido que renunciar a los 630 euros mensuales que le pagarían desde su ingreso en la Academia Militar y a los 1.800 euros de sueldo (en 14 pagas) que percibe un oficial.

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