La diabetes empeora con el calor

La diabetes mellitus, de la misma forma que ocurre con otras patologías respiratorias como la EPOC o el asma, y otras como problemas dermatológicos del tipo acné, rosácea o lupus, son enfermedades que se agravan con las altas temperaturas.

 

Los síntomas más graves en estos casos de golpe de calor pueden ir desde la sensación de fatiga, debilidad o calambres, hasta algunos más peligrosos como la deshidratación o el desequilibro de iones, casos en los que se recomienda visitar a un especialista.

En este sentido, el doctor Juan Costell constata que "el cumplimiento del tratamiento en verano suele ser más irregular, lo que puede provocar aumento de la tensión arterial", para añadir que "los pacientes con insuficiencia cardiaca pueden sufrir deshidratación e hipotensión ya que el corazón tiene menos capacidad de reserva funcional para eliminar el exceso de calor y puede sobrecargarse".

Los expertos destacan que en estos casos es importante tener en cuenta la medicación que toman los pacientes, con el objetivo de evitar estos problemas.

En concreto, en el caso de los diabéticos, estos tienen que tener cuidado con el calor, ya que son más sensibles a este y tienen un mayor riesgo de sufrir deshidratación, especialmente por su dificultad para regular la temperatura corporal.

"Esta deshidratación puede provocar un aumento de la glucosa en el organismo, lo que puede producir aumento de sed, piel seca, cansancio, visión borrosa", ha indicado el doctor Molina.

Además, los pacientes diabéticos que sufren altas temperaturas también pueden tener problemas por la alta velocidad de absorción de la insulina, que puede provocar hipoglucemias con síntomas como el mareo, la alteración del nivel de conciencia o la agitación.

Por otra parte, las personas con enfermedades respiratorias como EPOC, asma o bronquitis pueden tener sus síntomas agravados a causa del esfuerzo del cuerpo para mantener la temperatura corporal normal, con un aumento de los requerimientos de oxígeno.

Así las cosas, los especialistas aconsejan evitar cambios bruscos de temperatura, con el aire acondicionado entre los 24 y 26 grados; no exponerse al sol en las horas punta del día; mantenerse siempre bien hidratado; y evitar el consumo excesivo de bebidas azucaradas y de alcohol ya que favorecen la aparición de arritmias.

De la misma manera, durante los viajes largos hay que evitar la inmovilización prolongada, así como no visitar los destinos con climas muy calurosos y altitudes por encima de 3.000 metros ya que favorece el consumo de oxígeno.

Además, recomiendan llevar ropa ligera y transpirable; realizar ejercicio moderado y solo en las horas de temperatura más bajas; cuidar la alimentación; aumentar el consumo de frutas y verduras; tener un consumo moderado de alcohol, grasas y azúcar; no olvidarse de tomar la medicación; y siempre viajar con un informe médico.

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