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Llega la insulina sin refrigeración para personas sin acceso a la electricidad

Las personas que viven con diabetes en zonas del mundo en vías de desarrollo, obtienen su dosis diaria de insulina dependiendo del acceso a la electricidad, ya que una vez que se abre un frasco, los fabricantes recomiendan guardarlo en el refrigerador hasta que caduque, aproximadamente en 4 semanas.

 

De esta manera, como se estima que un total de 470 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a la electricidad, y por lo tanto, a los refrigeradores, obtendremos que todos aquellos que son diabéticos, no pueden conservar su insulina en buenas condiciones una vez abierto el frasco.

Sin embargo, esta situación podría cambiar gracias a un nuevo programa que revolucionará estos tratamientos en todo el mundo. La experiencia comenzó en el campo de refugiados de Dadaab en el norte de Kenia, donde las temperaturas pueden alcanzar los 37 grados centígrados y muchas personas no tienen acceso a la electricidad, por lo que la vida de los pacientes giraba en torno al hospital a la hora de recibir su dosis de insulina.

De esta manera, para estas personas tratar su diabetes supone faltar al colegio o al trabajo, y los médicos del campamento notaron que cada vez eran más los pacientes que llegaban al hospital con complicaciones de diabetes, por lo que pidieron ayuda a un grupo de investigadores de la Universidad de Ginebra que comenzó a monitorizar qué ocurría si se guardaba la insulina en ambientes similares a los del campamento.

Los investigadores replicaron las temperaturas del campamento en el laboratorio, de 25 a 37 grados centígrados, y probaron la efectividad de la insulina, hasta que descubrieron que, incluso sin refrigeración, la insulina mantenida a las temperaturas tropicales del campamento era seguras para usar durante 4 semanas.

Después de esta investigación, el equipo decidió hacer seminarios para dar más información a las personas diabéticas para que pudieran automedicarse, les enseñaron cómo inyectarse, a controlar su propio nivel de azúcar en sangre y a qué síntomas debían estar más atentos ya que podían ser perjudiciales para su salud. Además, mostraron a los pacientes cómo almacenar la insulina en casa usando un recipiente de plástico con una toalla húmeda alrededor.

Después de la experiencia, bajaron notablemente el número de pacientes diabéticos que llegaron al hospital con complicaciones agudas, de forma que "pudieron ir al trabajo y la escuela y no pasar todo el día buscando atención médica para mantenerse con vida", dsegún ha explicado Philippa Boulle, de Médicos Sin Fronteras (MSF).

Además, aunque la insulina puede dañarse cuando se almacena a altas temperaturas, los investigadores se dieron cuenta de que temperaturas más frías durante la noche podrían mantener la insulina segura.

En este sentido, Leonardo Scapozza, profesor de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de Ginebra y uno de los investigadores que trabajó en el campamento de Dagahaley, ha explicado a Business Insider que "todas las proteínas se degradan cuando se calientan, pero hay proteínas que pueden volver a su estado original cuando las enfrías de nuevo, y la insulina parece ser una de ellas", al tiempo que indicaba que los hallazgos podrían aplicarse a países de altos ingresos como Estados Unidos, por ejemplo, cuando ocurren desastres naturales y tormentas que cortan el suministro de energía.

Los investigadores han realizado más estudios para probar la insulina en diferentes climas y están ayudando a apoyar a los refugiados entornos como Sudán del Sur para que también se lleven la insulina a casa.

Ahora, MSF está pidiendo a las corporaciones farmacéuticas que modifiquen las pautas y que la Organización Mundial de la Salud respalde y divulgue estos hallazgos, aunque por ahora, la OMS ha dicho que no hará ninguna recomendación basada solo en este estudio.

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