Moka y Lupa son dos perritas que son mucho más que mascotas. Estos animales de la raza jack russell se han convertido en las guardianas del azúcar de Eva y Ana Arróniz, dos hermanas que padecen diabetes tipo 1, por lo que son insulinodependientes, desde que tenían apenas cinco años.
Se trata de dos casos más entre los 29.000 niños menores de 15 años que padecen esta enfermedad en España; y sufren constantes subidas y bajadas de azúcar fruto del torrente hormonal.
Pero para controlar la situación, tienen a sus perras que "predicen cómo estará nuestro nivel de azúcar con una antelación de 20 minutos".
Con un ladrido les alertan de que algo en breve no marchará bien: o les bajará o les subirá el azúcar; aunque lo realmente importante es que lo hacen con el tiempo suficiente para poder corregirlo... Y lo harán sólo con su olfato.
Se trata del fruto de horas de trabajo. Empezaron con sólo dos meses y medio a entrenar su prodigioso hocico en cuencos de aluminio que contenían prendas de sus futuras dueñas. Y en cuatro meses ya diferenciaban dos tipos: las muestras que olían a Eva y Ana con el azúcar alto y otras con el bajo.
Por cada acierto recibían un premio en forma de croqueta canina; y este juego, que para ellas es el modo de conseguir su ración diaria de comida, supone para las niñas la forma de frenar a tiempo picos de glucosa que podrían dañar su salud.
Cuenta la revista ZEN del diario El Mundo que estos perros que entrenan con el olor de los objetos de sus futuros dueños, han sido entrenadas en Canem, un centro de adiestramiento de perros de asistencia ubicado en Zaragoza.
Paco Martín, tras 20 años formando a perros para detectar explosivos en el Ejército, decidió reenfocar su carrera y montar un centro pionero en esta práctica que ya se utilizaba en Gran Bretaña pero que aún no había llegado a España. El equipo lo completan otros cuatro profesionales: una asesora en diabetes, un terapeuta, un adiestrador de perros y un educador.
Todos entrenan a las perras hasta que marcan subidas y bajadas reales de azúcar durante el día. La sustancia que detectan no se conoce al 100%. "Sólo sabemos que está directamente relacionada con la acetona y la reacción del cuerpo para mantenerse consciente con niveles extremos de azúcar", asegura Paco.
La segunda parte del entrenamiento -y la más importante- llega cuando el animal aterriza en su nuevo hogar. "La excelencia del trabajo se logra cuando no ha habido ninguna subida o bajada real porque el perro las ha alertado todas con anterioridad", explica Paco. Para ello, el feeling entre el dueño y el perro es vital; tanto, que el centro elige las mascotas en función del carácter de su amo.
"Moka es calmada y tranquila como yo, mientras que Lupa es una bola de energía como mi hermana", explica Eva. Mientras lo dice, su perrita le mira fijamente, se sienta a su lado, ladra y le toca la zapatilla con la pata. "Me está marcando", aclara. Se revisa el azúcar y comprueba que le está bajando.
La perra no lo sabe, pero para Eva este aviso es vital porque, en un mismo día, llega a tener picos del nivel de glucosa en sangre de 300 a 40.
Ana y Eva tienen numerosas obligaciones. "Cuando no tenemos variaciones de azúcar, debemos usar prendas que guardamos cuando estamos altas o bajas para seguir entrenándolas", comenta la hermana pequeña. Además, apuntan cuántas subidas o bajadas han marcado bien sus perras y hacen videoconferencias semanales con Zaragoza.
El seguimiento es necesario para que los animales no cojan malos hábitos y dejen de trabajar. Y también para formar y orientar a la familia, ya que el 80 % de los dueños son niños y, a menudo, tienen que hacer de 'súper nanny' para motivarlos.
Las mascotas como Moka y Lupa tienen una alta demanda. El equipo de Canem ya ha entregado 50 perras en el primer mes de 2016, y hay una lista de espera para una camada que aún no ha nacido.
