Un equipo internacional, coordinado por especialistas de las universidades de Bristol, Reino Unido, y Nueva Zelanda, ha demostrado que una pequeña proteína de células de péptido, similar al glucagón-1 (GLP-1), acopla el control del cuerpo del azúcar en la sangre y la presión arterial.
La investigación, publicada en la revista Circulation Research, y que involucró contribuciones de científicos colaboradores en Brasil, Alemania, Lituania y Serbia, así como en el Reino Unido y Nueva Zelanda, constató que el GLP-1 se libera de la pared del intestino después de comer y actúa para estimular la insulina del páncreas, que controla los niveles de azúcar en la sangre. Esto se sabía, pero lo que ahora se ha descubierto es que el GLP-1 también estimula un pequeño órgano sensorial llamado cuerpo carotídeo ubicado en el cuello.
El grupo de la Universidad de Bristol utilizó una técnica genómica imparcial y de alto rendimiento llamada secuenciación de ARN para leer todos los mensajes de los genes expresados en el cuerpo carotídeo en ratas con y sin presión arterial alta, lo que condujo al hallazgo de que el receptor que detecta GLP-1 está ubicado en el cuerpo carotídeo, pero menos en ratas hipertensas.
David Murphy, profesor de Medicina Experimental de la Escuela de Medicina de Bristol: Ciencias de la Salud Traslacionales (THS) y autor principal de la investigación, explicó que localizar el vínculo requirió perfiles genéticos y múltiples pasos de validación. Puesto que los investigadores no contaban con la aparición de GLP-1 en el radar, para ellos es un hallazgo emocionante e importante con el que se abren muchas nuevas oportunidades.
Así las cosas, el cuerpo carotídeo es el punto convergente donde el GLP-1 actúa para controlar simultáneamente el azúcar en la sangre y la presión arterial, que es coordinado por el sistema nervioso, el cual es instruido por el cuerpo carotídeo.
Las personas con hipertensión y/o diabetes tienen un alto riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares potencialmente mortales, de forma que incluso cuando reciben medicación, una gran cantidad de pacientes permanecerán en alto riesgo. Esto se debe, según indican los investigadores, a que la mayoría de los medicamentos solo tratan los síntomas y no las causas de la presión arterial alta y el nivel alto de azúcar.
Según ha explicado Rod Jackson, epidemiólogo de la Universidad de Auckland, “sabíamos que la presión arterial es muy difícil de controlar en pacientes con niveles altos de azúcar en la sangre, por lo que estos hallazgos son realmente importantes. Porque al administrar GLP-1 podremos ser capaces de reducir el azúcar y la presión al mismo tiempo, y estos dos factores son los principales contribuyentes al riesgo cardiovascular“.
Por su parte, Audrys Pauža, estudiante de doctorado en el laboratorio del profesor David Murphy en la Escuela de Medicina de Bristol y autor principal del estudio, ha señalado que la prevalencia de la diabetes y la hipertensión está aumentando en todo el mundo, y existe una necesidad urgente para abordar esto. De esta manera ha explicado que “los medicamentos dirigidos al receptor GLP-1 ya están aprobados para su uso en humanos y se usan ampliamente para tratar la diabetes. Además de ayudar a reducir el azúcar en la sangre, estos medicamentos también reducen la presión arterial, sin embargo, el mecanismo de este efecto no se entendió bien. Administrar GLP-1 ofrecerá la posibilidad de reducir el azúcar y la presión al mismo tiempo".
Esta investigación ha revelado además que estos medicamentos pueden funcionar en los cuerpos carotídeos para ejercer su efecto antihipertensivo, de forma que a raíz de este trabajo, sus autores aseguran que ya planean estudios traslacionales en humanos para llevar este descubrimiento a la práctica. De este modo, los pacientes con mayor riesgo podrán recibir el mejor tratamiento disponible.
En cualquier caso, los investigadores advierten de que el GLP-1 es solo el comienzo para quienes el estudio ha revelado muchos objetivos novedosos para los trabajos funcionales en curso, que el equipo anticipa que conducirán a futuros proyectos traslacionales en pacientes humanos hipertensos y diabéticos.

