La depresión y la ansiedad influyen en el autocuidado y la gestión de la diabetes

La depresión, la ansiedad y el distrés relacionado con la diabetes presentan una mayor prevalencia en personas con diabetes tipo 1 y podrían influir negativamente en el autocuidado y la gestion de la enfermedad y en la calidad de vida. Además, estos factores emocionales pueden dificultar el control de la diabetes, en un contexto en el que la educación terapéutica constituye la base del tratamiento y debe adaptarse a las necesidades cambiantes de la persona.

 

Se trata de algunas conclusiones recogidas en la Guía de Práctica Clínica sobre Diabetes Mellitus Tipo 1, publicada por el Servicio de Evaluación del Servicio Canario de la Salud (SESCS) en el marco de la financiación del Ministerio de Sanidad para el desarrollo de las actividades del Plan anual de trabajo de la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del SNS (RedETS).

Ests guía es fruto del trabajo de un grupo multidisciplinar de profesionales, entre ellos/as especialistas en endocrinología, pediatría, medicina familiar y comunitaria, enfermería, nutrición, trabajo social y psicología, en cuyo desarrollo han colaborado diversas sociedades científicas, y que ha contado con la participación del Consejo General de la Psicología de España en el proceso de colaboración y revisión.

Tal y como recoge el documento, su objetivo general es establecer recomendaciones desarrolladas de forma sistemática y basadas en la mejor evidencia científica disponible para ayudar a profesionales y personas con diabetes tipo 1 a tomar decisiones sobre la atención sanitaria más apropiada, integrando de manera coordinada los diferentes dispositivos sanitarios implicados.

Entre sus objetivos secundarios se encuentran maximizar la calidad y eficiencia asistencial, garantizar la equidad, reducir la variabilidad clínica y fomentar una atención integral con visión multidisciplinar.

Los principales usuarios y usuarias hacia quienes se orienta la guía son los y las profesionales sanitarios implicados en el manejo de la diabetes tipo 1 en atención primaria y hospitalaria, así comoafectados, familiares, colectivos educativos, sociedades científicas y gestores sanitarios. Los grupos diana son personas de cualquier edad y género con diagnóstico o sospecha de diabetes tipo 1, aunque sus autores han recordado que esta Guía de Práctica Clínica es una ayuda a la toma de decisiones en la atención sanitaria y no es de obligado cumplimiento ni sustituye el juicio clínico del personal sanitario.

La guía subraya que la diabetes no solo implica un desafío metabólico, sino también una elevada carga emocional, conductual y social, y exige una implicación constante en la toma de decisiones diarias, lo que impacta en la autonomía, el funcionamiento cotidiano y la calidad de vida relacionada con la salud. En este contexto, el documento destaca que las personas que padecen esta enfermedad presentan una mayor prevalencia de trastornos depresivos en comparación con la población general, prácticamente el doble en algunos estudios, así como una mayor frecuencia de trastornos de ansiedad y distrés relacionado con la enfermedad.

Estos problemas de salud mental pueden influir negativamente en el autocuidado, en el manejo glucémico y en la adherencia terapéutica. Por ello, la guía incorpora expresamente a los y las profesionales de la psicología dentro del equipo asistencial, tanto en atención primaria como hospitalaria, reconociendo la importancia del abordaje psicológico en la atención integral.

Uno de los ejes centrales de la guía es la educación terapéutica estructurada en diabetes, considerada la base del tratamiento en una enfermedad crónica que exige decisiones continuas por parte de la persona afectada. La recomendación es clara: ofrecer programas educativos estructurados a todas las personas con diabetes, incluyendo a los padres en el caso de niños, niñas y adolescentes. Además, se sugiere que estos programas estén dirigidos por personal con formación específica y habilidades formativas, que se desarrollen preferentemente en grupo y que se adapten a las necesidades individuales, pudiendo ofrecerse tanto en modalidad presencial como on-line.

La guía insiste en que la educación no debe limitarse al momento del diagnóstico, sino reforzarse anualmente, cuando no se alcancen los objetivos de control, durante transiciones vitales (como la adolescencia o el embarazo), ante cambios en el tratamiento o la aparición de complicaciones, un enfoque continuo que conecta directamente con el apoyo psicológico, dado que los cambios vitales y las transiciones pueden incrementar el estrés, la ansiedad o el riesgo de problemas de salud mental.

La guía sugiere además la incorporación de planes estructurados de transición y programas de manejo de citas que favorezcan la autonomía progresiva del adolescente y la coordinación entre equipos; y en el caso de situaciones de enfermedad intercurrente, hospitalización o embarazo, la guía recomienda protocolos específicos, así como la participación de equipos multidisciplinares que incluyan profesionales con experiencia en diabetes.

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