Cerca de cinco millones de personas sufren diabetes de tipo 2 en España, un problema de salud pública de primer nivel que no solo tiene que ver con el control del azúcar en sangre, sino también, y muy especialmente, con la prevención de complicaciones graves que afectan al corazón y a los riñones. Entre los principales desafíos que presenta esta enfermedad destaca el hecho de que puede desarrollarse durante años sin síntomas claros, lo que redunda en una falta de control efectivo.
De esta manera, muchas personas no saben que padecen la enfermedad hasta que una analítica rutinaria detecta niveles elevados de glucosa o, en el peor de los casos, cuando ya aparecen daños en órganos. En este escenario, la Atención Primaria se convierte en la primera línea de defensa, y es ahí donde se registran de forma continuada datos clave como el peso, la tensión arterial o los hábitos de vida, lo que permite detectar señales de alerta de forma precoz.
El papel del médico de familia va mucho más allá del diagnóstico, de modo que en enfermedades crónicas como la diabetes, la relación cercana y continuada con el paciente permite anticipar problemas, ajustar tratamientos y acompañar en los cambios de estilo de vida. Además, es el profesional que coordina la atención cuando surgen complicaciones o cuando la enfermedad se presenta con otros factores de riesgo cardiovascular frecuentes, como la hipertensión o el colesterol alto.
Hay que tener en cuenta que la diabetes rara vez aparece sola, de manera que en la consulta es bastante habitual encontrar pacientes que, además de la enfermedad, presentan sobrepeso u obesidad, presión arterial elevada o dislipidemia, un desequilibrio de los lípidos en la sangre. Este conjunto de factores multiplica el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y deteriora la función renal.
Por este motivo, cada vez más expertos recomiendan un enfoque “cardio-renal-metabólico”, que propone tratar la diabetes de manera integral y no como una enfermedad aislada; y pese a que ese enfoque integral ha demostrado su eficacia, la realidad asistencial demuestra que aún no está plenamente implantado. Y así lo demuestran los datos.
Un estudio reciente, basado en datos de más de 5.000 pacientes atendidos en 70 centros de salud de toda España, ha revelado que aproximadamente la mitad de los pacientes diagnosticados no alcanza los niveles recomendados de control glucémico; es decir, uno de cada dos pacientes convive con un mayor riesgo de complicaciones a medio y largo plazo.
A esto hay que añadir los problemas derivados del sedentarismo, ya que la mayoría de los pacientes presenta sobrepeso u obesidad, lo que mantiene una estrecha relación con la diabetes tipo 2; y aunque existe evidencia de que el peso influye directamente en el control de la enfermedad, en la práctica clínica, los objetivos terapéuticos siguen centrados principalmente en reducir la glucosa, sin integrar de forma sistemática otras variables como el índice de masa corporal.
En este contexto, diversos proyectos se afanan en reforzar el papel de la Atención Primaria como eje del sistema, a lo que se suman herramientas digitales y programas formativos orientados a mejorar la detección precoz de complicaciones, especialmente en el ámbito de la enfermedad renal. En paralelo han surgido plataformas de divulgación dirigidas a pacientes, que intentan explicar de forma accesible la relación entre la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y los problemas renales.
El objetivo es doble: por un lado, aumentar el conocimiento sobre la enfermedad y, por otro, reforzar la importancia de la prevención, y todo para afianzar la idea de que diabetes tipo 2 debe ser tratada, pero ademas, resulta fundamental prevenir sus complicaciones, evitando así sus consecuencias; y es ahí donde la Atención Primaria sigue siendo la pieza clave.


