La diabetes tipo 2, pero también la obesidad abdominal, los triglicéridos elevados, la hipertensión arterial y el colesterol HDL bajo son características del síndrome metabólico, aunque para tener este síndrome, es suficiente con que se den tres de ellas. Ahora se ha sabido que el 31 % de la población adulta en España vive con síndrome metabólico.
De esta manera, el 32 % de los hombres y el 29 % de las mujeres padecen sídrome metabolico, según un estudio de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), que confirma que esta patología y todas las alteraciones que la conforman aumenta significativamente el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares graves como infartos, ictus o insuficiencia renal.
Según ha advertido el Dr. Daniel Carnevali, jefe del Servicio de Medicina Interna en Olympia Centro Médico Pozuelo y el Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, «en buena parte de los casos, el paciente no es consciente de que su obesidad abdominal se asocia a hipertensión, dislipemia o diabetes. Si no acude a su médico para chequear estas posibilidades, no será posible tratarlas».
Esta falta de consciencia y de visibilidad de lo que puede traer aparejado un perímetro abdominal elevado es un de los problemas de este síndrome: es silencioso y muchas veces pasa inadvertido.
Así las cosas, si el perímetro abdominal supera los 102 centímetros en hombres y los 88 en mujeres «es necesario evaluar la tensión arterial y realizar un análisis completo del perfil lipídico y del metabolismo hidrocarbonado», ha señalado el especialista, que da mucha importancia a la grasa abdominal, «capaz de alterar el metabolismo de grasas y glucosa y generar proteínas proinflamatorias que favorecen la aterosclerosis», según ha explicado.
La resistencia a la insulina juega un papel fundamental porque cuando se da obesidad abdominal en un paciente, de manera que «los receptores celulares para la acción de la insulina disfuncionan. Esto condiciona la aparición de diabetes, hipertensión y otros problemas metabólicos», ha señalado el especialista.
El riesgo coronario asociado es significativamente mayor en quienes padecen síndrome metabólico: hasta el doble en hombres y 2,5 veces más en mujeres; y si no se trata adecuadamente, el síndrome metabólico puede derivar en complicaciones graves como infarto de miocardio, ictus, insuficiencia renal crónica, apnea del sueño o poliartrosis.
Además, el riesgo coronario asociado es significativamente mayor en quienes lo padecen, de forma que hasta el doble en hombres y 2,5 veces más en mujeres respecto a quienes no presentan el síndrome.
En este sentido, el Dr. Carnevali ha señalado que «aunque existen factores genéticos y raciales», los hábitos de vida son en nuestro entorno «los más determinantes», entre ellos, la dieta y el ejercicio «marcan la diferencia».
El especialista ha detallado que «el estilo de vida pesa más que condicionantes como sexo, edad o raza. En nuestro medio, las áreas sociales más desfavorecidas, donde predominan dietas ricas en hidratos de carbono y comida procesada, presentan mayor prevalencia». Para abordarlo, las innovaciones terapéuticas están ya marcando un antes y un después.
Así, los «nuevos fármacos para reducir la obesidad han revolucionado en los últimos años la expectativa de controlar adecuadamente el síndrome metabólico», ha señalado.
Con todo, el tratamiento integral va más allá y comienza por el cambio de hábitos. En este sentido, elñ doctor ha afirmado que «el primer escalón, y absolutamente esencial, es optimizar los hábitos de vida saludables, instaurando una dieta mediterránea hipocalórica y una actividad física reglada, tanto aeróbica como de fuerza»,
Para prevenir el síndrome metabólico desde edades tempranas, el doctor ha recomendado «insistir en las familias en seguir propiciando la dieta mediterránea en casa, evitando bollería, dulces y refrescos. La actividad física debe ser prioritaria desde la infancia, con juegos y deportes que sean divertidos y estimulantes para los pequeños».

