El control de los factores de riesgo cardiovascular clásicos, entre los que destaca la diabetes, no solo protege al corazón, sino que un abordaje adecuado, podría evitar hasta un 45 % de los casos de demencia, reducir de forma drástica el riesgo de infarto o ictus y frenar el avance de la enfermedad renal crónica.
Los expertos reunidos en la II Jornada de Riesgo Cardiovascular, celebrada en el Hospital Universitario del Henares y avalada por la Sociedad de Medicina Interna de Madrid y Castilla-La Mancha (SOMIMACA), asistieron a una jornada que la Dra. Laura Larrín Colino, médico residente de Medicina Interna, quien mostró a través de dos casos clínicos, cómo dos pacientes con perfiles aparentemente muy distintos —un varón de 52 años y una mujer de 76— pueden terminar compartiendo el mismo nivel de riesgo cardiovascular alto una vez se incorporan factores como los antecedentes familiares, la lipoproteína o la presencia de placas de ateroma silentes detectadas por ecografía.
Su conclusión sirvió de hilo conductor para calcular el riesgo a través de nuevas tablas, refinarlo con estos modificadores y, sobre todo, actuar cuanto antes. El neurólogo del centro, el Dr. Fernando Pérez Parra, puso el foco en una de las conexiones menos conocidas del riesgo vascular: su papel en el deterioro cognitivo y en la propia enfermedad de Alzheimer. Según explicó, la hipertensión, la diabetes, la obesidad y el tabaquismo mantenidos entre los 40 y los 65 años dañan la barrera hematoencefálica y favorecen la acumulación de proteína beta-amiloide, el sello distintivo del alzhéimer, y no solo el de las demencias de origen estrictamente vascular.
Los primeros ensayos de control intensivo de la tensión arterial ya muestran, además, una reducción del deterioro cognitivo leve en quienes mantienen cifras más bajas durante la edad media de la vida. En este sentido, el Dr. Luis Cabeza Osorio, presidente de SOMIMACA, hizo una llamada de atención sobre otro binomio infravalorado en la práctica clínica: la Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y el corazón, y alertó de que una agudización grave de EPOC multiplica hasta por diez el riesgo de sufrir un evento cardiovascular en la semana siguiente, un exceso de riesgo que puede tardar hasta un año en normalizarse, y de que la mortalidad en los años posteriores a una primera agudización grave puede alcanzar el 50%.
Con datos de un registro español de más de 24.000 pacientes, respaldados por estudios similares en Alemania, Estados Unidos, Reino Unido y Países Bajos, defendió abandonar el miedo injustificado a tratar a estos pacientes con betabloqueantes o estatinas cuando están indicados, y reclamó que todo paciente con EPOC sea evaluado también como un paciente cardiovascular.
La jornada, que reunió a un centenar de profesionales sanitarios, se completó con ponencias sobre el manejo de la enfermedad renal crónica para retrasar la diálisis, a cargo de la Dra. Patricia Domínguez Apiñániz (Nefrología); el abordaje del paciente obeso de alto riesgo, desde la cirugía bariátrica hasta los nuevos fármacos aGLP1/GIP, por la Dra. Cristina Fernández Fernández (Endocrinología); el manejo de los triglicéridos y la dislipemia mixta, por Pablo Macazaga (Atención Primaria); y dos sesiones dedicadas a las últimas herramientas para el paciente de muy alto riesgo vascular, a cargo de los cardiólogos Dr. Daniel Corrochano Diego y Dr. David Jiménez Virumbrales.
Desde la organización han insistido en que el mensaje de la jornada va más allá de cada especialidad concreta, demanera que el corazón, el cerebro, el riñón y el pulmón comparten en gran medida los mismos factores de riesgo, y solo un abordaje conjunto entre especialidades permite anticiparse a la enfermedad antes de que aparezca el primer evento clínico.


