
Durante el verano son muy comunes las denominadas alergias al sol, aunque en realidad se trata de la forma más común de fotodermatitis, y sus síntomas, que son muy parecidos a los de una alergia, se presentan en forma de rojeces, picores y granitos pequeños.
Estas reacciones afectan, sobretodo, a las mujeres en edades comprendidas entre los 15 y los 35 años, y las zonas más propensas suelen ser el escote, el cuello, los hombros, los brazos, las piernas y los empeines.
Es la forma más común de fotodermatitis y afecta, sobretodo, a la zona del escote, los hombros las extremidades y los empeines.
En cuanto a la erupción, suele darse unas horas después de que haya tenido lugar la exposición a la radiación UVA y consiste en una enfermedad crónica de poca solución: mucha protección y prevención, así como la interrupción de las exposiciones una vez que se desarrollen los síntomas.
Normalmente, el paciente busca aliviar los síntomas con rapidez, por lo que habrá que consultar el problema con un dermatólogo para que nos recete una solución antihistamínica para reducir el picor y el enrojecimiento.
Para enfocar adecuadamente el tratamiento a la cura o paralización de la patología, habrá que tomar una serie de medidas preventivas, entre las que destacan:
1. Utilizar ropa y complementos adecuados: prendas de algodón, sombreros, gafas de sol y por supuesto, un fotoprotector adecuado a nuestro tipo de piel
2. Consumir antioxidantes y aceites omega 3
3. Evitar los perfumes y desodorantes antes de exponerse al sol
4. Aplicar aloe vera para reducir la inflamación y las rojeces
5. Triturar un pepino y aplicarlo sobre las lesiones también puede contribuir a frenar la erupción y la inflamación
6. Compresas de vinagre o bicarbonato: empapar un paño en vinagre o mezclar agua con bicarbonato ayudará a preparar la piel para resistir mejor el sol

