Dormir menos de 6 horas incrementa el riesgo de padecer diabetes

Dormir bien es una de las bases de una buena salud, pero su importancia va mucho más allá de sentirse descansado al despertar. En este sentido, en los últimos años han aparecido numerosas investigaciones que han demostrado que la calidad y la duración del sueño influyen directamente en el metabolismo, el control de la glucosa y el riesgo de desarrollar diabetes.

 

Quienes ya conviven con la diabetes suelen experimentar alteraciones del descanso que dificultan todavía más el control de sus niveles de azúcar en sangre. Se trata de una relación bidireccional que merece especial atención, ante la que la Asociación Americana de la Diabetes ha recordado que esta enfermedad puede manifestarse con síntomas como orinar con frecuencia, sed intensa, hambre constante, fatiga extrema, visión borrosa, heridas que tardan en cicatrizar, pérdida de peso involuntaria en la diabetes tipo 1 y hormigueo o entumecimiento en manos y pies en la diabetes tipo 2.

Con todo, algunas personas apenas presentan síntomas, lo que retrasa el diagnóstico, motivo por el que detectar la enfermedad de forma precoz y comenzar el tratamiento cuanto antes reduce el riesgo de desarrollar complicaciones.

Entre los factores que influyen en su evolución, el descanso nocturno ocupa un lugar cada vez más relevante, ya que interviene directamente en el funcionamiento hormonal y en la regulación de la insulina. En este sentido, desde el Instituto de Investigaciones del Sueño han explicado que la relación entre el sueño y la diabetes funciona en ambos sentidos. Por un lado, entre el 38 % y el 45 % de las personas con diabetes tipo 2 sufren trastornos del sueño; y por otro, quienes duermen menos de seis horas cada noche tienen aproximadamente el doble de probabilidades de desarrollar diabetes en comparación con quienes descansan adecuadamente, lo que significa que dormir mal no solo puede ser una consecuencia de la enfermedad, sino también un factor que favorezca su aparición.

Según detallan los especialistas, “mejorar la calidad del sueño puede convertirse en una herramienta complementaria para controlar mejor la glucosa y reducir algunos riesgos asociados”. De esta manera, cuando una persona duerme menos de lo necesario, el organismo experimenta diversos cambios hormonales que alteran el metabolismo.

Según el Instituto de Investigaciones del Sueño, la falta de descanso provoca un aumento del cortisol y de la hormona del crecimiento, dos sustancias que reducen la eficacia de la insulina. En paralelo, también aumentan marcadores inflamatorios como el TNF-alfa, la interleucina-6 y la proteína C-reactiva, todos ellos relacionados con una mayor resistencia a la insulina, a lo que hay que sumar una disminución de la leptina, conocida como la hormona de la saciedad, una reducción que favorece un mayor apetito y puede contribuir al aumento de peso, uno de los principales factores de riesgo para desarrollar diabetes tipo 2.

En cualquier caso, no todas las fases del sueño tienen el mismo impacto sobre el organismo, de manera que las fases profundas, conocidas como fases 3 y 4 del sueño lento, desarrollan un papel especialmente importante en el equilibrio metabólico, durante el que el cerebro consume menos glucosa, disminuye la producción de determinados corticoesteroides y se reducen las necesidades energéticas del organismo, unos cambios que favorecen una regulación más eficiente de la insulina y permiten que el páncreas funcione en mejores condiciones.

Por el contrario, durante las fases superficiales y el sueño REM, estos beneficios metabólicos son menores., de manera que no basta únicamente con dormir muchas horas, sino que también resulta esencial que el descanso sea continuo y de buena calidad.

Así las cosas, la organización Diabetes Reino Unido ha señalado que dormir bien puede convertirse en un auténtico desafío para muchas personas con diabetes; y además, descansar mal puede empeorar posteriormente el control de la glucosa, creando un círculo difícil de romper si no se aborda de forma adecuada. Desde la organizacion han detallado en este sentido que “los cambios en los niveles de glucosa durante la noche pueden provocar despertares frecuentes, mientras que algunas complicaciones propias de la enfermedad, como la neuropatía diabética, generan dolor o molestias que dificultan conciliar y mantener el sueño”.

Uno de los problemas más frecuentes es la hipoglucemia nocturna, especialmente en personas con diabetes tipo 1 y también en quienes utilizan insulina u otros medicamentos para reducir la glucosa.

Por otra parte, los oftalmólogos suelen advertir sobre la importancia de dormir sin almohada, ya que esta costumbre puede disminuir notablemente la calidad del sueño y provocar cansancio durante el día siguiente, y si se repite con frecuencia, incluso puede alterar los horarios habituales de descanso.

Además, la hiperglucemia también afecta negativamente al sueño, debido a que cuando los niveles de azúcar permanecen elevados, aumenta la necesidad de levantarse para orinar, aparece una sed intensa y pueden surgir dolores de cabeza que dificultan volver a dormir, unas interrupciones continuas que reducen la calidad del descanso y favorecen una mayor sensación de fatiga al día siguiente.

El Instituto de Investigaciones del Sueño ha identificado diversos trastornos que aparecen con mayor frecuencia en personas con diabetes. Estos son:

  • Apnea obstructiva del sueño, caracterizada por ronquidos intensos y pausas respiratorias repetidas, se trata de un problema especialmente frecuente en personas con obesidad, que puede aumentar el riesgo cardiovascular si no recibe tratamiento.

 

  • Síndrome de las piernas inquietas, que provoca sensaciones desagradables en las piernas durante el reposo nocturno e impide conciliar el sueño con facilidad.

 

  • Neuropatía diabética, que consiste en un daño progresivo de los nervios periféricos que puede provocar hormigueos, pinchazos, calambres y dolor persistente, especialmente durante la noche.

 

Tanto los episodios repetidos de hipoglucemia o hiperglucemia nocturna como el dolor neuropático o la sospecha de apnea del sueño requieren una valoración médica.

Así las cosas, dormir bien no sustituye al tratamiento de la diabetes, pero constituye un pilar fundamental para mejorar el control metabólico, favorecer el bienestar general y reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo.

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