Nauru, una de los países más pequeñas del mundo, sólo por detrás del Vaticano y Mónica, es una república asentada sobre una masa de tierra de sólo 21 kilómetros cuadrados y ubicada en el Pacifico sur, cerca del ecuador.
Apenas nadie conocía este pequeño país hasta ahora, cuando se ha sabido que su tasa de obesidad le sitúa como el principal país en el ranking mundial, con un peso medio de sus habitantes de 100 kg. y con el 59,6 % de la población con obesidad.
No es de extrañar entonces, que además sea el país con mayor tasa de diabetes tipo 2, ya que su principal causa es el sobrepeso.
En un reportaje publicado el diario The Asaji Shimbun, intentaron explicar esa tasa de obesidad preguntando a los propios ciudadanos, que reconocieron que la simple razón de esta situación es que por allí comen mucho.
Un trabajador de 46 años y 150 kilos de peso llamado Paul explica que la razón por la que pesa tanto es porque hace cuatro comidas. “Después de comer, me siento frente al televisor una hora, y eso pronto te vuelve a dar hambre”, asegura.
El sedentarismo es otra de las principales causas de la diabetes, y casi siempre va asociada al exceso de alimentación. Para Paul, una porción de arroz equivale a dos tazones grandes.
Para entender los hábitos alimenticios de Nauru hay que remontarse a finales del siglo XIX, después de que Reino Unido comenzara a dedicarse a la extracción de fosfatos en la pequeña república isleña. Tras lograr la independencia en 1968, el país disfrutó de un impulso económico importante, con unas arcas del Estado hinchadas por las ganancias de la extracción minera. Estos beneficios se distribuyeron entre los ciudadanos de Nauru, convirtiendo el producto interior bruto (PIB) per cápita en uno de los más altos del mundo.
Antes de su independencia, Nauru conservaba una cultura alimentaria tradicional basada en productos de captura marina así como diferentes frutas recogidas de los bosques. Pero con los ingresos empezó la importación de alimentos occidentales, que deterioró sus hábitos y sus patrones de ejercicio físico, convirtiendo al país en el hogar de las personas con peor salud de la región del Pacífico.
Las reservas de fosfatos llegaron a su fin en la década de los noventa, mientras las inversiones del Gobierno en el extranjero también iban sufriendo grandes pérdidas, y aunque el PIB per cápita ha bajado hasta los 2.600 dólares, la isla se ha quedado con los hábitos de las vacas gordas.
Acostumbrados a la falta de ejercicio y a las dietas basadas en la importación de alimentos, Nauru se ha quedado con una población con una tasa de obesidad presente en más de la mitad de sus ciudadanos, y con unas cifras de diabéticos sorprendentes, con uno de cada tres ciudadanos diagnosticados.

