La sede de la Representación en España de la Comisión Europea ha acogido la jornada «El futuro de la diabetes en el marco del Espacio Europeo de Datos de Salud: nuevas tecnologías y datos al servicio del paciente», una cita que ha reunido a eurodiputados, responsables de las administraciones estatal y autonómica, clínicos especialistas y representantes de las personas con diabetes.
La jornada, que ha sido inaugurada por Raquel Yotti, comisionada del PERTE para la Salud de Vanguardia y por Nikolaos Isaris, director adjunto de la Representación en España de la Comisión Europea, ha analizado uno de los mayores desafíos regulatorios que afronta la sanidad europea en este momento.
El trasfondo normativo es preciso: el Reglamento (UE) 2025/327, publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea el 5 de marzo de 2025 y en vigor desde el 26 de ese mismo mes, establece el marco jurídico del Espacio Europeo de Datos de Salud (EEDS), que supone el inicio de una nueva etapa para los sistemas de salud en Europa y la diabetes plantea un ejemplo muy claro del valor del dato sanitario, tanto para los pacientes y la gestión de su enfermedad, como para los clínicos.
La diabetes tipo 1 es un muy buen ejemplo de medicina basada en datos, ya que integra las nuevas tecnologías para la gestión de la enfermedad, la detección precoz, el cribado poblacional y modelos asistenciales basados en datos interoperables.
Los avances de los últimos años, como los sistemas de asa cerrada, las plumas inteligentes y las aplicaciones móviles son una prueba de cómo esta gestión de datos puede suponer beneficios para los pacientes. “Por eso, el Espacio Europeo de Datos de Salud no es para nosotros un debate técnico. Es una oportunidad para que los datos generados no se pierdan, para que la información viaje con los pacientes y no se quede en sus dispositivos, para que la atención sea continua, coordinada y siempre basada en evidencia real”, ha señalado el presidente de la Federación Española de Diabetes (FEDE), Juantxo Remón, que considera que esta nueva regulación debería favorecer que los pacientes dejen de ser “portadores de datos” y sean “beneficiarios de un sistema que los aproveche para mejorar su atención”.
El EEDS persigue dos grandes objetivos: por un lado, garantizar que cualquier ciudadano europeo pueda acceder a sus datos sanitarios electrónicos de forma inmediata, gratuita e interoperable, independientemente del Estado miembro en que se encuentre; y por otro, el uso permitir que investigadores, autoridades de salud pública y responsables de políticas accedan a datos de salud anonimizados bajo condiciones estrictas de gobernanza, con el objeto de acelerar la innovación terapéutica y fortalecer la toma de decisiones basadas en evidencia.
La aplicación del Reglamento será progresiva, y España deberá garantizar la coherencia entre su arquitectura descentralizada de datos, que pivotará y confluirá en el Espacio Nacional de Datos de Salud y las obligaciones derivadas del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD).
De acuerdo con los expertos que han participado en la jornada, “el factor cultural es el factor o barrera más determinante, seguido del tecnológico y, por último, el regulatorio. En la cultura del dato es necesario distinguir entre la protección de datos versus la cultura de prohibición de datos”, teniendo en cuenta que “el dato no se explica por la propiedad, el dato salva vidas y debe protegerse desde la salvaguarda de la seudoanonimización”.
“No estamos ante una recomendación o una estrategia más, sino ante un reglamento que redefine derechos, obligaciones y estructuras de intercambio de información sanitaria en toda la Unión Europea”, ha concluido el presidente de FEDE, que considera realmente necesario “seguir trabajando para que el dato sea no solo un recurso tecnológico, sino un instrumento de equidad, prevención y empoderamiento”.

