Los niños y adolescentes con diabetes tipo 1 suelen presentar un grado de deterioro progresivo de la salud ósea con el tiempo, especialmente en aquellos en los que perdura la enfermedad y muestran perfiles metabólicos adversos. Ahora, un estudio reciente sobre el tema del Instituto de Investigación Médica Hirabai Cowasji Jehangir en Pune (India), con 200 niños y adolescentes con diabetes tipo 1 ha revelado que la densidad y la estructura ósea disminuyen significativamente con el tiempo, especialmente en aquellos con una mayor duración de la enfermedad.
Estos resultados, publicados en la revista Bone, preocupan con respecto a la reducción de la masa ósea máxima y el aumento del riesgo de fracturas en la edad adulta, ya que según consideran los autores, la infancia y la adolescencia son periodos críticos para alcanzar la masa ósea máxima, y las alteraciones durante esta etapa pueden tener consecuencias de por vida, como una menor masa ósea máxima y un mayor riesgo de fracturas en la edad adulta.
Como parte del trabajo publicado se realizó un estudio observacional longitudinal, retrospectivo y unicéntrico en un centro de atención terciaria en el oeste de Maharashtra, India, con datos longitudinales de niños y adolescentes de la cohorte Sweetlings sobre antropometría, composición corporal, parámetros bioquímicos y salud ósea. El control glucémico empeoró con el tiempo, con un aumento de los requerimientos de insulina y de la HbA1c, junto con una disminución de la sensibilidad a la insulina.
Los participantes con una duración de la diabetes ≥5 años tuvieron menor sensibilidad a la insulina, masa corporal magra y parámetros óseos al inicio y en el seguimiento, y experimentaron mayores disminuciones en la densidad mineral ósea volumétrica (DMOv) trabecular y volumétrica total.
Además, el sexo, el estado puberal, el control glucémico, la duración de la enfermedad y la dislipidemia se convirtieron en predictores significativos de los resultados esqueléticos.
Así las cosas, la identificación temprana de personas de alto riesgo y el seguimiento longitudinal podrían ayudar a preservar la salud ósea en estos pacientes; sin embargo, los investigadores concluyeron que se necesitan más estudios prospectivos que incluyan controles sanos y resultados clínicamente relevantes, como el riesgo de fractura, antes de que estos hallazgos puedan servir de base para recomendaciones de detección o tratamiento.


