La semaglutida, uno de los medicamentos más utilizados en el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad, podría contar con un nuevo beneficio inesperado, que no es otro que un menor riesgo de fracturas óseas, según un nuevo estudio de la Universidad de Stanford, que concluye que los diabéticos tratados con este agonista del receptor GLP‑1 presentan un 15 % menos de fracturas que quienes reciben otros fármacos para la pérdida de peso.
El hallazgo, presentado en el congreso anual de la Sociedad Endocrina ENDO 2026, que se celebra estos días en Chicago, resulta especialmente relevante porque, hasta ahora, la evidencia científica apuntaba en la dirección contraria.
La pérdida de peso rápida, frecuente con los nuevos medicamentos GLP‑1, se había asociado a una reducción de la densidad mineral ósea, un fenómeno observado tanto en estudios clínicos como en análisis de vida real. En tonces, la hipótesis dominante era que adelgazar de forma acelerada podía debilitar el esqueleto, especialmente en personas mayores o con patologías crónicas.
Por contra, los datos presentados por la Universidad de Stanford sugieren que la semaglutida podría comportarse de manera distinta. El trabajo, liderado por el endocrinólogo Jairo Noreña, analizó los registros médicos de 161 millones de pacientes incluidos en la base de datos Atropos Health Eos, uno de los repositorios clínicos más amplios de Estados Unidos.
Los investigadores compararon a 26.324 adultos con diabetes tipo 2 tratados con semaglutida con un grupo de control de 33.555 pacientes que recibían dulaglutida o terapias orales para adelgazar como fentermina/topiramato o bupropión/naltrexona. Ninguno tenía antecedentes de fracturas ni tomaba medicación para la osteoporosis.
Además de perder más peso, los pacientes tratados con semaglutida registraron menos fracturas: 794 frente a 1.045 en el grupo de control.
Aunque el estudio es retrospectivo y no permite establecer causalidad, los autores consideran que los resultados abren una vía de investigación que no era previsible. En este sentido, Noreña ha afirmado que "las fracturas óseas son dolorosas, costosas y afectan de forma significativa a la calidad de vida, especialmente en edades avanzadas. Este trabajo es un primer paso para entender cómo la pérdida de peso inducida por semaglutida impacta en la salud ósea".
La comunidad científica lleva meses debatiendo si los GLP‑1 tienen efectos directos sobre el metabolismo óseo. Algunos estudios preliminares han sugerido que estos fármacos podrían reducir la inflamación sistémica, un factor que contribuye a la fragilidad ósea en personas con diabetes, mientras que otros trabajos apuntan a que la semaglutida podría modular la actividad de los osteoclastos, las células encargadas de la resorción ósea.
También se baraja, como mecanismo indirecto, que la semaglutida mejore el control glucémico y reduczca la resistencia a la insulina, dos elementos que, según investigaciones previas, influyen en la calidad del hueso en pacientes diabéticos.
La diabetes tipo 2 se asocia a un mayor riesgo de fracturas pese a que muchos pacientes presentan densidad ósea normal o incluso elevada, un fenómeno atribuido a la mala calidad del colágeno y al daño microvascular. Si la semaglutida mejora estos parámetros, podría explicar parte del efecto observado.
Pese al entusiasmo que ha generado el estudio, los expertos insisten en que los datos deben interpretarse con cautela, ya que se trata de un análisis retrospectivo, sujeto a sesgos y factores de confusión, y los autores reconocen que es necesario realizar ensayos clínicos prospectivos que midan directamente la densidad mineral ósea, la microarquitectura y los marcadores de remodelación.
La fragilidad muscular es un factor clave en las caídas, principal desencadenante de fracturas en personas mayores. Por ello, los endocrinólogos recomiendan acompañar estos tratamientos de ejercicio de fuerza y una ingesta adecuada de proteínas.


