La aparición y generalización de nuevos fármacos, sensores de monitorización continua de glucosa, sistemas híbridos de asa cerrada o dispositivos inteligentes para la administración de insulina están cambiando la forma de tratar la diabetes y mejorando la calidad de vida de miles de personas. Sin embargo, los expertos alertan de que esta revolución terapéutica corre el riesgo de quedarse a medio camino si no va acompañada de una educación terapéutica de calidad, accesible y equitativa para todas las personas con diabetes.
Según ha señalado Silvia Rodríguez, coordinadora del Grupo de Trabajo de Educación Terapéutica de la Sociedad Española de Diabetes (SED) y enfermera especializada en diabetes del Hospital Universitario Mútua Terrassa, “la educación terapéutica continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes en la atención a las personas con diabetes en España, sobre todo por la inequidad estructural en el acceso a ella”.
A pesar del avance registrado en los últimos años, los especialistas recuerdan que ninguna de estas innovaciones puede ofrecer todos sus beneficios si las personas no cuentan con los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para incorporarlas de forma segura y eficaz a su vida cotidiana. Partiendo de esta realidad, la SED ha celebrado las I Jornadas de Educación Terapéutica en Diabetes, un encuentro que tiene la vocación de consolidar esta disciplina como un pilar esencial del tratamiento de la enfermedad y de impulsar un modelo asistencial más equitativo y centrado en las necesidades de las personas con diabetes.
En este sentido, Silvia Rodriguez ha asgurado que "la educación terapéutica no es un añadido, sino una parte esencial del tratamiento. Sin ella, ni los fármacos más avanzados ni las tecnologías más sofisticadas alcanzan su verdadero potencial", al tiempo que ha recordado que "educar es tratar: es proporcionar habilidades, confianza y herramientas para la toma de decisiones diaria”.
Más allá de los avances científicos y tecnológicos, los expertos alertan de que el acceso a programas de educación terapéutica continúa siendo muy desigual en España, unas diferencias que no dependen únicamente de las necesidades clínicas de cada persona, sino también del ámbito asistencial en el que recibe atención y de la comunidad autónoma en la que reside.
Según recoge el estudio ASENET-es, el primer análisis nacional impulsado por el Grupo de Educación Terapéutica de la SED sobre la situación de la enfermería dedicada a la Educación Terapéutica en Diabetes, persisten importantes desigualdades en la formación, la implantación de programas estructurados y el acceso a estos recursos entre distintos ámbitos asistenciales y territorios.
Entre otros aspectos, se evidencian importantes diferencias entre la atención hospitalaria y la atención primaria en aspectos como la formación específica de los profesionales, el desarrollo de programas estructurados de educación terapéutica, la incorporación de nuevas tecnologías o la implantación de figuras de enfermería de práctica avanzada; alo que se suma la ausencia de un marco común de formación, acreditación y reconocimiento profesional.
Según esta experta, todo ello “genera una atención heterogénea y dificulta la equidad en todo el Sistema Nacional de Salud”, motivo por el que ha subrayado que "invertir en educación terapéutica no es un coste; es una inversión en salud, autonomía de las personas con diabetes y sostenibilidad del sistema sanitario".
Los especialistas insisten en que la educación terapéutica trasciende el aprendizaje técnico del manejo de un sensor o una bomba de insulina, y su objetivo pasa por dotar a las personas con diabetes de herramientas para comprender su enfermedad, interpretar la información que proporcionan las nuevas tecnologías, tomar decisiones fundamentadas sobre su tratamiento y consolidar hábitos saludables relacionados con la alimentación, la actividad física, el descanso o el bienestar emocional.
En este contexto, las primeras Jornadas de Educación Terapéutica han dedicado una parte importante de su programa al abordaje del impacto emocional de la diabetes, el miedo a la hipoglucemia, el acompañamiento psicológico, la alimentación en las fases iniciales de la enfermedad y el manejo práctico de las tecnologías más innovadoras aplicadas al tratamiento, incluyendo sensores de glucosa, smartpens y sistemas híbridos de asa cerrada.


