El Hospital Quirónsalud Infanta Luisa, en Sevilla, ha puesto en marcha un nuevo servicio especializado de cribado de pie diabético, una iniciativa clave orientada a combatir una de las complicaciones más complejas y temidas de la diabetes. Y es que los expertos calculan que en España el 4 % de las personas con diabetes padece actualmente esta patología, con una incidencia anual que ronda el 2 %, pero la cifra más alarmante sitúa entre un 19 % y un 34 % la probabilidad de que un paciente diabético desarrolle esta afección a lo largo de su vida.
Ante esta realidad, los especialistas del centro hospitalario inciden en la necesidad absoluta del diagnóstico precoz a través de unidades dirigidas como la que se acaba de inaugurar. Así, la doctora Margarita Rivas, especialista del Servicio de Endocrinología del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa, ha explicado que el pie diabético aparece cuando los niveles crónicamente altos de glucosa provocan daños en los nervios (neuropatía) y en los vasos sanguíneos (enfermedad vascular) de las extremidades inferiores.
Según esta doctora, “esto origina una pérdida drástica de la sensibilidad y un déficit circulatorio”, y ha añadido que "esta combinación de factores es especialmente peligrosa porque reduce el flujo sanguíneo y anula la señal de alarma del dolor. Como consecuencia, una rozadura mínima o una pequeña herida pasa totalmente desapercibida para el paciente, pudiendo evolucionar con rapidez hacia una infección grave o una úlcera profunda que, en los casos más severos, aboque a la amputación".
Rivas ha destacado además el aspecto crítico del carácter "silencioso" de esta dolencia, debido a que la diabetes tipo 2 puede desarrollarse sin manifestar síntomas generales claros durante años, por lo que el daño vascular y neurológico progresa de forma inadvertida. "Es perfectamente posible que una persona descubra que es diabética a raíz de una complicación en sus pies, siendo la aparición de una úlcera o la pérdida de sensibilidad la primera señal de alerta que le hace acudir a consulta", ha apuntado la endocrinóloga.
Para facilitar la detección temprana, el podólogo Alejandro Rando ha detallado los principales signos que obligan a acudir al especialista de urgencia, entre los que destaca la pérdida de sensibilidad, manifestada a través de hormigueo, ardor, adormecimiento o la incapacidad absoluta para percibir el dolor y los cambios térmicos en el pie. Asimismo, es fundamental prestar atención a las lesiones inaparentes, tales como cortes, llagas, ampollas o rozaduras que no generan dolor y cuya cicatrización es inusualmente lenta.
Las alteraciones cutáneas, reflejadas en una piel excesivamente seca, agrietada o de aspecto adelgazado, constituyen otra señal inequívoca, al igual que los cambios térmicos y de coloración que dan lugar a zonas del pie excesivamente pálidas, amoratadas, o inusualmente calientes o frías al tacto.
El experto también ha alertado sobre la presencia de deformidades y callosidades gruesas, como juanetes o dedos en garra o martillo, "bajo las cuales es extremadamente frecuente que se oculten o se formen úlceras", sin olvidar resaltar la aparición de síntomas de infección evidente, que incluyen hinchazón, enrojecimiento localizado, presencia de pus o mal olor.
Para contrarrestar estas cifras, el Hospital Quirónsalud Infanta Luisa ofrece este servicio especializado con un enfoque multidisciplinar, que coordina el criterio y la intervención de endocrinólogos, cirujanos vasculares, podólogos y personal de enfermería especializado. Esta estrecha colaboración agiliza “drásticamente” la toma de decisiones, unifica el tratamiento y reduce las hospitalizaciones y el riesgo de amputación.
Además de permitir el acceso rápido a curas avanzadas, sistemas de descarga de presión o terapias innovadoras como la presión negativa para lesiones complejas, el servicio realiza una labor crucial en la educación del paciente, adiestrándolo en técnicas de higiene, autoexploración periódica y la elección de calzado idóneo para evitar recaídas.
Por último, ambos expertos coinciden en que el pilar maestro de la prevención sigue siendo el estricto control metabólico, y mantener unos niveles óptimos de glucemia es la herramienta más potente para frenar las complicaciones microvasculares que dañan los nervios y los ojos, al tiempo que recuerdan el rol determinante de la nutrición.


