Cuando se padece cetoacidosis diabética (CAD)

Una de las complicaciones más graves de la diabetes es la cetoacidosis diabética (CAD), una urgencia médica grave que puede desarrollarse en cuestión de horas y de la que el 32 % de quienes conviven con esta condición no ha oído hablar.

 

Ocurre cuando el organismo, ante la falta de insulina suficiente para utilizar la glucosa como fuente de energía, empieza a descomponer grasa generando unos compuestos llamados cuerpos cetónicos. Cuando estos se acumulan en exceso, la sangre se acidifica progresivamente hasta convertirse en una urgencia médica grave real.

La cetoacidosis diabética puede aparecer a cualquier edad y en cualquier tipo de diabetes, aunque resulta especialmente grave en personas con diabetes tipo 1, donde sigue siendo una de las principales causas de mortalidad en menores de 58 años. En la diabetes tipo 2, las crisis hiperglucémicas se asocian con múltiples factores de riesgo, incluyendo la omisión o insuficiencia de insulina, enfermedades intercurrentes y, en determinados casos, el uso de inhibidores de SGLT2; además, se ha observado un aumento de eventos en adultos más jóvenes.

Los primeros síntomas de la CAD son fáciles de confundir con las fluctuaciones habituales de la condición, y pasan por sed intensa, ganas frecuentes de orinar, cansancio y náuseas, que aunque llegan después, tampoco levantan siempre la alarma. Sólo cuando el cuadro avanza emergen señales que resultan claras, tales como vómitos, dolor abdominal, dificultad para respirar, un aliento con olor afrutado y, en los casos más graves, confusión.

El problema es que el 46 % de las personas con diabetes no es capaz de nombrar un solo síntoma de la cetoacidosis diabética, mientras que el 64 % no realiza ningún control de cuerpos cetónicos. Los desencadenantes más frecuentes son situaciones cotidianas y difíciles de evitar, tales como una dosis de insulina olvidada, una infección, un período de estrés o cualquier enfermedad intercurrente.

Según los especialistas, tener un plan de actuación claro y revisarlo periódicamente con el profesional sanitario puede marcar la diferencia entre resolverlo en casa o acabar en urgencias. Además, la posibilidad de monitorizar los cuerpos cetónicos de forma continua, junto con la monitorización continua de glucosa, ofrece algo que hasta ahora no existía, que consiste en ver no solo el valor en un momento concreto, sino la tendencia.

En este sentido, el doctor Diego Fernández García, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Vithas Xanit Internacional, ha explicado que esto «permite a las personas con diabetes tomar medidas preventivas para evitar la cetoacidosis y tener el valor y la tendencia como guía en la resolución de la misma». El resultado esperado es claro, según el especialista, que asegura que de esta manera se consigue «menos cetoacidosis y de menor gravedad».

Y es que dos personas con valores de azúcar similares pueden estar en situaciones metabólicas muy distintas, y son los cuerpos cetónicos los que revelan lo que la glucosa sola no cuenta. Así las cosas, saber interpretar esa información resulta fundamental.

Las guías clínicas recomiendan valorar siempre el número junto con los síntomas presentes y, a partir de 0,6 mmol/L, se debe aumentar la frecuencia de monitorización de glucosa e intentar resolver de manera estructurada la causa de la cetosis, acudiendo a un servicio de atención sanitaria si la situación clínica lo requiere. De esta manera, prevenir una cetoacidosis empieza, en muchos casos, por saber que existe, y conocer sus señales, entender qué significan los cuerpos cetónicos y tener acceso a herramientas para medirlos son pasos necesraios que pueden contribuir a evitar una urgencia.

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